Carta a Thomas

Hace un tiempo, Sofía compartía una historia que para AFS es intemporal: cada año recibimos a cientos de jóvenes como Thomas que dejan una huella en cada familia que decide abrir su casa al mundo.

Este año, son más de 120 los jóvenes que, como Thomas, quieren vivir con una familia anfitriona en nuestro país y disfrutar juntos de esta experiencia de aprendizaje intercultural como la que vivió la familia de Sofía abriendo su hogar a Thomas.

“Ha pasado más de un año desde que llegó a nuestro correo la información sobre ti y así, casi sin darnos cuenta, entraste en nuestras vidas. Era la primera vez que íbamos a recibir en casa durante tanto tiempo a una persona ajena a nuestra familia; todo eran incógnitas y dudas. ¡Además, eras un adolescente! Una edad difícil, según los expertos, en la que los cambios de humor son frecuentes y las conductas a veces, inexplicables.

No se me olvidará el día que llegaste. Te estábamos esperando en la estación; cuando llegó el autobús, te bajaste y Vladik dijo: “ese es Thomas, mamá”, y yo contesté: “creo que sí, pero tendremos la confirmación cuando recoja su equipaje, debe traer una maleta muy grande”. Y así fue. En ese instante comenzó nuestra vida en común.

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“¿Estás cómodo en tu habitación?, ¿Te gusta la comida?, ¿Te molesta Bruce?” ¡Cuántas preguntas se sucedieron las primeras semanas! Estábamos atentos, yo un poco más, a cualquier síntoma que indicara que algo no iba bien. Y así supe pronto que no asistías a clase contento, que ni tus compañeros ni tus profesores te gustaban, que la adaptación al sistema de enseñanza español iba a ser un escollo difícil de superar. Que echabas mucho de menos a tu familia y amigos.

A pesar de todas esas dificultades y ausencias, juntos logramos salir adelante. Compartimos todo aquello que comparte una familia, algún desasosiego y también buenos ratos. Fuimos a la playa, hicimos alguna incursión en la montaña a pesar de que me advertiste que no te gustaba andar, fuimos a esquiar, visitamos a la abuela, viajamos en Navidad y en Semana Santa y compartimos celebraciones con familiares y amigos.

Los meses transcurrían y tú cada vez te expresabas mejor en nuestro idioma, y aceptabas poco apoco este carácter castellano-leonés tan seco y abrupto a veces.

Por fin llegó la primavera, y con ella empezaste a mostrar una mayor disposición a la conversación y al divertimento. Empezabas a despojarte de la cáscara con la que habías llegado.Yo achaqué el cambio a la pronta finalización de las clases y a la proximidad de tu partida.

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Thomas y Sofía, mamá anfitriona.

Supongo que, quizá, mucho de eso había, pero también se estaba produciendo una metamorfosis en ti que hacía que tu percepción del entorno ya no fuera hostil. Aprendimos de nuevo, pues lo sabemos y olvidamos una y otra vez, que los ritmos de adaptación de las personas son muy diferentes, y tú necesitas más tiempo. Por eso, cuando llegaron las despedidas querías irte pero a la vez querías quedarte. ¡Qué dilema!

Nosotros estaremos aquí, esperándote con los brazos abiertos, para recibirte cuando decidas regresar a tu pequeña familia española.

Gracias Thomas, nosotros también hemos aprendido mucho contigo.”


¡Conoce a los jóvenes que recibiremos con los brazos abiertos en nuestro país a partir de septiembre!

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