Oro parece, plata no es.

Al más puro estilo de una adivinanza, muchas veces nuestro acercamiento a otra cultura lo hacemos a tientas. Tanteando su idiosincrasia con distancia, dejándonos llevar por lo que hayamos oído, por lo que hayamos visto… en conclusión: cayendo en estereotipos.

Como la afirmación enrevesada que constituye una adivinanza, el desconocimiento que nos produce quien es culturalmente diferente nos lleva a agudizar nuestra mente y a usar otros procesos mentales para intentar comprender y descifrar esas diferencias. Pero como pasa con los acertijos, mientras buscamos el camino para entender esos estereotipos aparecen asociaciones que damos por lógicas y en realidad son una distracción que nos acaban llevando a una trampa. Al final el enigma no se resuelve, no encontramos ese entendimiento entre las diferencias culturales, la adivinanza se vuelve más compleja y caemos en el cepo. Es decir, incurrimos en prejuicios.

DSC_0443Los prejuicios, a diferencia de los estereotipos, suelen tener un componente negativo pero tanto unos como otros condicionan la convivencia social y si seguimos tirando de la cuerda llevan incluso a la discriminación.

¿Y qué necesidad hay? Pues poca, la verdad, aparte de demostrarnos que estábamos equivocados y que hemos caído en un error. Pero está claro que la teoría es muy fácil y cuando nos encontramos en la situación de resolver el acertijo es cuando nos invaden todo tipo de presunciones. Los estereotipos pueden ayudarnos a llegar a un entendimiento, eso es cierto, pero sin abusar de ellos porque podemos acabar creando una imagen muy lejana de la realidad sobre una persona, una cultura o un país. Es lo que pasa en este artículo que intenta promocionar nuestro país como destino turístico. Una promoción basada en estereotipos (¿quizás tirando de ironía o sátira?) pero sin duda agrupando a toda una sociedad en un conjunto de características mayoritariamente negativas.

Y ese queremos que sea uno de los objetivos principales de vuestra experiencia como familias AFS: ser capaces de movernos en una zona gris que hay entre el desconocimiento y la comprensión, que tengamos la capacidad de cuestionar, pero sobre todo de entender esas diferencias sin caer en los prejuicios.

Como familias anfitrionas, animemos a nuestros estudiantes de recepción a desmitificar la imagen que traen de nuestra cultura. No quiere decir que en absoluto comamos tapas o que no durmamos la siesta. Pero animémoslos a profundizar en nuestra cultura.

Y como familias de envío, no dejemos que nuestros hijos que están en el extranjero viviendo su experiencia caigan en el mismo error de aferrarse a una sola imagen de la cultura que los acoge.

En definitiva, naveguemos por todas esas diferencias. Veremos que al igual que este acertijo que lo único que esconde es un simple “plátano”, detrás de cada diferencia cultural habrá una explicación que no nos resultará tan lejana de algo que conocemos. Como siempre decimos en AFS, la tolerancia es respetar al otro por sus diferencias, no a pesar de ellas.

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