Su tiempo, su espacio y su equilibrio

Cuando le damos a nuestros hijos la oportunidad de vivir un año fuera de casa y disfrutar de una experiencia de inmersión cultural; o cuando aceptamos abrir las puertas de nuestro hogar a un joven de otro país que quiere adentrarse en un nuevo entorno completamente distinto al suyo, sabemos que hay dos fechas claves que marcan esta experiencia: el día de llegada y el día de partida.

Es decir, que esta experiencia inexorablemente tiene un billete de vuelta a esa otra realidad donde se encuentra todo lo que, durante un tiempo, cada participante ha decidido apartar por un breve periodo (al fin y al cabo, un año no es casi nada). Y con todo eso volverán a reencontrarse después de su programa con una mirada más enriquecida y madura.

anigif_enhanced-buzz-32423-1397574752-17Hay muchas reacciones químicas que crean colores y explosiones sorprendentes al incorporar elementos que rompen un estado de equilibrio. En otras palabras, lo que hace esa reacción es distanciar todos los compuestos.

Y eso pasa, por supuesto salvando las distancias, cuando – a pesar de la recomendación de AFS sobre desanimar a realizar y recibir visitas – rompemos con el tiempo y el espacio y nos introducimos como nuevos elementos en un entorno que no es el nuestro, pero que sí lo es ya de todos los participantes. Y simplemente, en ese momento no encajamos. El efecto es indiscutible: una explosión de emociones que representan alegría por el reencuentro pero que, a la vez, alejan a uno de los compuestos principales (el participante) de ese estado de equilibrio que tanto cuesta encontrar a veces.

¿Por qué no dejarles vivir su experiencia de un año, que solo pasa una vez en la vida a esa edad, y darles la oportunidad de tener su tiempo, espacio y equilibrio en un lugar completamente diferente al suyo de origen? Es la idea por la que apostaban al comenzar el programa, ¿no?

Es mucho más bonito, emocionante y enriquecedor conocer a las familias naturales de vuestros participantes de recepción o el país de destino de vuestros hijos una vez que el programa ha acabado. Ya no ponemos en riesgo esa estabilidad. Todo ha pasado ya. Esa visita es la que va a demostrar que todo el proceso de aprendizaje intercultural, que implica fortalecimiento de relaciones, superación de retos y adaptación a nuevas situaciones, se ha cumplido.

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